Manejo todos los viernes por la misma carretera.
Ese día, no todos los días, solo ese día una construcción me llamó la atención.
Cinco maestros de la construcción haciendo una pandereta. Muralla. Pared.
Cuando pasé de vuelta seis horas después, la pandereta estaba en el suelo.
Cuatro maestros se agarraban la cabeza y uno apuntaba con el dedo con actitud de ‘te lo dije’.
Todo esto me hizo recordar la primera vez que hice una pared.
Fue en la casa de mi abuela, junto a mi padre, mi abuelo y mi tío.
Mi abuelo me pasa un ladrillo y me dice ‘pégalo’ (probablemente el término correcto en una construcción, donde mi abuelo trabajó por años cuando llegó del sur).
Me acerco a la muralla, y pongo el ladrillo en la fila que se estaba armando.
Supuse que lo había hecho bien hasta que me dice:
“Nunca 'hai' puesto un ladrillo.”
Ahí aprendí que me faltó elegir uno sin grietas, hidratarlo, dejar el lado más plano hacia arriba, emparejar la mezcla y ponerlo al lado del último ladrillo y no en la mitad de la fila.
¿Cuántos jefes conoces que toman decisiones vitales para el negocio que nunca han pegado un ladrillo?
A la fecha me he topado con dos tipos de CEO en el Mundo Sin Alcohol.
Los que saben lo que hay dentro de la botella y los que no tienen idea.
¿La diferencia?
Cuando el CEO sabe de producto gana por calidad.
Cuando el CEO no sabe de producto gana por volumen.
No hablé de precio, porque es subjetivo y lo decide el mercado.
pd: Diez personas se llevaron el Playbook por menos de un café caro con canela.
pd2: Ahora valdrá como una caja de bombones pero si evita que se caigan tus ladrillos, vale mucho más.


