Déjame contarte por qué esta frase te puede cambiar la semana (o la vida) y quizás al final te recomiende el libro donde la aprendí.

Tengo un tema con la responsabilidad.

Los errores más grandes de mi vida tienen que ver con dejar que las cosas pasen.

Y mis mayores aciertos me tenían ahí, presente, con el pecho a las balas.

En los negocios, la vida, las relaciones, hacernos responsables es una máxima.

Una máxima que cada vez se ve menos.

La culpa es del Estado, del Dólar, de la Política, del Covid, de mi Jefe o de mi Empleado.

Toda la galaxia de personas que te rodean tienen la culpa, menos tú.

El autor dice en su libro:

“Si es culpa tuya, algo puedes hacer. Si es culpa de Dios, estás perdid@.”

Cuando nos acostumbramos a culpar al resto, no podemos hacer nada.

Déjale eso a la lluvia o a las estaciones, elementos que realmente no podemos manejar.

El resto, cuando nos hacemos responsables, siempre tenemos una opción.

Y no importa el tema que pongas en tu cabeza, se puede (y debes).

La pregunta es: ¿Quieres?

Aquí el gran diferencial que propone el libro:

No te hagas responsable por la culpa.
Hazte responsable para ser la solución.

Quizás si te responsabilizas, mejore tu ánimo, tu salud, tus finanzas, tus relaciones, y quizás qué más.

He leído libros buenos. Este está en otra liga.

Es denso. Un par de páginas y quedas pensando por horas.

Después de un par de capítulos empiezas a notar los efectos.

Quizás la solución a tus problemas está aquí.

Mentira, la solución a tus problemas eres tú.

pd: Siempre quieren todo fácil.

pd2: Cúlpame a mí de no conseguir el título del libro.

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