Cuando entiendes que un espumante nunca tendrá la boca de un tinto, estás un paso más cerca de entender que el vino sin alcohol es un producto diferente.
De ahí la sorpresa cuando enólogos y críticos de vino le piden boca a un vino sin alcohol.
Se imaginan si las portadas fueran:
“Este espumante no tiene la estructura de un Carménère con 24 meses de barrica”.
Sí, así de imbéciles se oyen (o se leen) [o se ven].
Si eres de los que gana dinero con el vino sin alcohol, te dejo 4 movimientos, que debes estar atento:
I
El vino sin alcohol es totalmente maridable.
Hay centenas de restaurantes con estrellas Michelin que tienen vinos sin alcohol en sus cartas.
Así que no pienses en supermercados, piensa en el canal Horeca.
II
Ponle D.O. a tu vino sin alcohol.
Hasta ahora, algunos cobardes no quieren asociar sus vinos sin alcohol con algún valle. Error.
‘Primer vino sin alcohol de D.O. Puente Alto”. No solo estás eligiendo una categoría con números azules, estás siendo el primero en tu valle.
III
Envasa más pequeño. El vino sin alcohol se consume rápido.
Tiene todo para ser un vino de diario. O constante en la semana.
El margen está en las botellas de 375cc o en una lata con tu vino.
IIII
Innova, investiga.
El otro día te conté de Bolle que hace dos fermentaciones incluso en vinos tranquilos.
Puedes seguir siendo enóloga o enólogo, pero ‘ponele un poco de voluntad’.
De nada.
Si tienes un vino sin alcohol. Entra a la Guía, si quieres.
pd: ‘El vino sin alcohol no es vino’. Anda a decirle eso al viticultor que cosechó esas parras, al equipo enológico que lo fermentó, al equipo técnico que lo embotelló. Cómo se nota cuando nunca has fermentado nada.
pd2: Obvio que me sé los números romanos. Es pa’ ver si andan atentos.



